El Docente como Gestor

Una y otra vez me he visto en situaciones de motivar a otros (representación estudiantil, proceso de acreditación de alta calidad, utilización de software libre, y más recientemente sobre el rol del docente), y una y otra vez han salido personas que participan indicando muchas razones por las cuales, lo que se propone, no es viable. Sin embargo, hace poco, en un diplomado que estábamos dando a un grupo de docentes universitarios en la ciudad de Armenia (Colombia), uno de mis colegas dijo algo que, aunque en el fondo ha sido uno de los principios que han fundamentado mi actuar, yo no lo habría podido explicitar de forma tan clara. EF dijo “… si quisiéramos, podríamos enunciar mil argumentos, todos objetivamente razonables, para no hacer las cosas; pero lo que se esta proponiendo no es eso, sino que miremos porque, a pesar de todo ello, vale la pena hacerlo …”

El comentario se hizo porque en el trabajo que se venia adelantando con estos profesores, se pretendía mostrar que el trabajo docente, y particularmente a nivel universitario, no puede ser únicamente dar clases. La intención era mostrar que el docente debe ser un gestor de procesos que articulen docencia, investigación y proyección social (las tan trilladas y nunca bien entendidas funciones de la Universidad que se expresan en la Ley 30 del 93). Los argumentos que ellos daban en contra eran validos: la mayoría de los que estaban en ese diplomado eran profesores ocasionales o de hora cátedra así que no había ni estabilidad laboral, ni interés en asumir transformaciones que no se las estaban pidiendo; el cuerpo directivo de la institución (otros docentes desde la visión clásica, y con presiones de las políticas gubernamentales) tienen claro que la labor docente que se reconoce es la de dictar clases (igual sucede en todas las universidades), y lo que se haga por aparte es extra y no tiene reconocimiento monetario; si dando todas las clases del semestre, a veces no se alcanza a dar todo el contenido, mucho menos se logrará haciendo otro tipo de actividades, a menos que se hagan en horarios extras, lo cual ni profesores ni estudiantes están dispuestos; entre otras muchas que se enunciaron.

Aunque sería interesante hacer una disertación sobre cada una de estas razones, el punto importante es que efectivamente existen muchos argumentos “objetivamente razonables” para dejar que las cosas se hagan igual, sin embargo la pregunta que cabria hacerse es ¿Por que hay personas que a pesar de todo ello, se empeñan en hacer las cosas diferentes?, y creo que la respuesta esta en las apuestas que están personas hacen en su vida, y este para mi es el punto fundamental. Es muy común encontrar personas que terminan haciendo lo que no les gusta, por dinero (generalmente), por que no se le presentaron más opciones, por presión familiar y/o social, porque pensó que le gustaba y luego no y después no fue capaz de buscar otras opciones, por mencionar algunas. Lo que evidentemente ocasiona que no haya “pasión” en aquello que se hace, y la pasión no es racional ni objetiva, es emocional, y cuando además hay determinación (o tal vez un poco de orgullo) ante esto, no hay ni argumentos, ni dificultades, ni obstáculos que detengan, simplemente “se hace o se hace”.

Pero detrás de este planteamiento hay uno más profundo, y es el que esta pasión surge cuando lo que quieres alcanzar te hace “feliz”, te “satisface”, te “realiza” como persona, y lo que parece evidenciarse en el mundo de hoy, es que cada vez hay mayor distancia entre aquello que “nos hace feliz” (que se empieza a ver tan lejano como utópico) y aquello que “tenemos que hacer”, ¿será acaso otra de las consecuencias de esta sociedad centrada en el capital?, o desde otra perspectiva ¿sera otra de las consecuencias del postmodernismo?. La sociedad se refleja en múltiples aspectos, y en todos ellos pareciera evidenciarse que cada vez es más difícil ser feliz, que hay mayor descontento, tristeza, desilusión, tal vez ello explica también el creciente aumento de espacios o situaciones (deportes extremos, vicios, etc.) que las personas buscan para liberarse de estas tensiones. Si se asume la realidad como una construcción colectiva (lo que implica aceptar la influencia de la sociedad en nuestras concepciones), tal vez el punto no sea buscar la felicidad, sino construirla en nuestro interior a partir de lo que tenemos aquí y ahora. Considero que la felicidad no es ausencia de problemas, tristezas, decepciones, sino de realización, y la pregunta que yo me haría es ¿cómo puedo realizarme como persona con lo que soy y con lo que tengo?.

Cuando estaba haciendo mi pregrado en ingeniería y me dí cuenta que la docencia podría ser un posible campo de trabajo, lo deseche porque no consideraba que tuviera las cualidades para dar clases (entre ellas la paciencia), pero en el fondo, lo que me aterrorizaba era sentir que en algún momento, la monotonía me abrumaría. Sin pretenderlo, me fui relacionando con personas y experiencias en el ámbito docente, y ahora estoy más cerca de la docencia que de mi sector profesional. Pero ahora tengo una visión diferente de la docencia, una concepción que he aprendido y construido con otros, y es el de ser un gestor de procesos educativos. Esta concepción de docente no es sencilla, implica más esfuerzo y más problemas, pero también satisfacción al poder sintonizar expectativas personales con mi trabajo.

A propósito de esta reflexión, recordé una lectura de esas que llegan sin buscarlas, pero que penetran en el alma por llegar en momentos y circunstancias muy especiales. Esta lectura tiene además la connotación, de intentar ser un referente de motivación en el trabajo que una amiga realizo en el CE-FIET (2001-2002)… aun mantengo la tarjeta en mi nochero para recordarlo, de cuando en vez, el mensaje:

“Los guerreros de la luz se reconocen por la mirada. Están en el mundo, forman parte del mundo, y al mundo fueron enviados sin alforjas ni sandalias. Muchas veces son cobardes. No siempre actúan acertadamente.

Los guerreros de la luz sufren por tonterías, se preocupan por cosas mezquinas, se juzgan incapaces de crecer. Los guerreros de la luz de vez en cuando se consideran indignos de cualquier bendición o milagro.

Los guerreros de la luz con frecuencia se preguntan que están haciendo aquí. Muchas veces piensan que su vida no tiene sentido.

Por eso son guerreros de la luz. Por que se equivocan. Porque se preguntan. Porque continúan buscando un sentido… y terminan encontrándolo.”

Para quienes les interese la referencia de este escrito: COELHO, Paulo. Manual del guerrero de la luz. Bogotá: Planeta, 1993. p. 98.

Investigación en Derecho sobre Propiedad Intelectual

El que uno no valore la importancia de otras disciplinas se debe, en parte, a las simplificaciones que la sociedad llega a hacer de cada una, pero también a la mediocridad, corrupción y otros muchos valores (por que lo son, así no sean los que deseamos que fueran) que en ocasiones uno tiene la oportunidad de ver o escuchar de algunos de sus representantes.

Aunque sin proponérmelo y sin ser parte de los temas de mi disciplina, la Propiedad Intelectual, aunque más puntualmente el Derecho de Autor, ha sido durante los dos últimos años uno de los temas sobre los que más he estudiado. Mi interés empezó como un propósito de documentación para saber si el Software Libre era realmente legal a la luz de la normatividad jurídica; luego como una forma de argumentar una posición “ideológicamente diferente o alterna” a lo que se esconde detrás de la tan mencionada Sociedad de la Información; y más recientemente para entender las implicaciones de las Patentes de Software, que tanto agite político tuvo a inicios de este año en Europa.

En este camino me he dado cuenta que no ha muchos les gusta el tema, por que lo ven denso, pero también me he dado cuenta que tampoco le suena a muchos abogados, por que eso implica adentrarse en conocimientos y “lógicas” tecnológicas. El caso es que una de mis pocas interlocutoras en el tema es una abogada (PP, que a propósito recibió su título de pregrado este mes), y que realizó su trabajo de grado en torno al análisis de las licencias del software libre, a la luz de la normatividad que sobre derechos de autor se tiene en Colombia. Aunque he estudiado sobre el tema, es claro que mi capacidad de análisis esta en un nivel muy elemental, pero a pesar de ello, fueron contundentes a mi forma de ver, algunos de los planteamientos de PP, y que resultaron de su trabajo de grado.

En primer lugar fue revelador, o por lo menos para mi, que las leyes tienen una doctrina, es decir, un contexto y una intención en la cual se concibe y por la cual se crean las leyes, con el propósito de normativizar el deber ser de una sociedad. Lo que fue revelador para mi, fue asociar las leyes con artefactos, instrumentos o herramientas y la doctrina como los conceptos que se están materializando, por lo cual me resulta más claro porque el termino leguleyo puede ser despectivo para un abogado, ya que es lo mismo que si a un ingeniero (soluciones con ingenio utilizando conocimientos científicos “en teoría”) lo asocian con un técnico (conocimiento empírico, por ensayo y error pero sin llegar a conocer el fenómeno en el que se basa o que controla una tecnología). Pero la idea de fondo es que el derecho no es sólo conocer las leyes, ni como interpretarlas para un determinado beneficio, sino que también implica conocer las doctrinas de dichas leyes, es decir el porque se crearon en un momento determinado de una sociedad.

Lo interesante de este asunto es que a la luz de este trabajo de grado, si bien las licencias de software libre están en el marco de la normatividad jurídica sobre derechos de autor, lo cual las hace “técnicamente correctas”, lo cierto es que son totalmente divergente con la doctrina sobre derechos de autor, lo que evidencia una contradicción significativa entre el deber ser y la aplicación de la norma. Lo que parecería indicar que debería realizarse un trabajo para cambiar la doctrina sobre los derechos de autor, de tal forma que sea coherente en la utilización tanta con las licencias del software libre, como del software no libre.

Si bien no conozco “oficialmente” el trabajo de grado de PP, ni mucho menos soy un experto del tema, este planteamiento me parece de tal magnitud, que reconocí, desde mi perspectiva y mis prejuicios sobre ciencia, un campo de investigación en el sentido estricto de la palabra. Pero este planteamiento no fue el único.

Un aspecto que toda persona relacionada con el desarrollo software conoce, pero que casi ninguna persona diferente acepta, es el que ningún software ofrece garantía. En términos simples, si yo compro un software, y al instalarlo en mi computador ocasiona un fallo, y por esta razón se borran archivos muy importantes para mi, la empresa de software no responde, ya que para eso la licencia dice muy claramente que el software se entrega sin garantías, independiente de si es libre, privativo, gratuito, etc. Ahora bien, la Organización Mundial del Comercio establece que el software es un bien comercializable, y que por tal motivo esta en el marco de los tratados multinacionales, y en uno de ellos se establece que todo producto comercializable debe gozar de garantías, pero el problema es que el software no se considera un bien material sino intangible. Esta disyuntiva indica que para la comercialización el software se considera como un objeto tangible, pero al ser realmente intangible las leyes que se le aplican no son las de objetos tangibles, sino intangibles (propiedad intelectual), lo que evidencia otras gran contradición.

De esta conversación con PP, queda la sensación de que el software tal vez debería tener un régimen especial, pero somos conscientes que las leyes, así como todo lo demás, se definen en un espacio social, donde es inminente las tensiones de personas, grupos y sectores para favorecer sus intereses, que hoy por hoy, son más de tipo económico. Pero esta conversación también me ayudo a clarificar una de las dimensiones investigativas del derecho.

TIC, Educación e Investigación-Acción

Charlas realizadas en el Diplomado sobre Docencia Universitaria en la Universidad del Quindio:

La vigencia de dictar clases

Aunque algunos docentes, particularmente de ingenierías (esa es mi experiencia), se resisten a la idea de “formar personas” aduciendo que su labor simplemente es enseñar una disciplina, lo cierto es que las propias vivencias lo llevan a uno como persona a afianzar ciertas ideas y a descartar otras, y en este caso yo considero que las personas que te rodean si te forman, no desde lo que recitan para “transmitirte un conocimiento”, sino desde lo que son, desde lo que te dicen en una conversación casual, desde el ejemplo que te dan de forma indirecta. A eso es a lo que yo llamo formación, y eso es lo que se consigue cuando estas en “medio de” otros. Visto desde otra perspectiva, esto significaría preguntarse ¿Que quiero Ser? para de acuerdo con ello determinar en medio de que grupos / colectivos / equipos de personas debo estar.

Y a propósito de esto, en una conversación casual con MC, en un horario no laboral, pero en el mismo sitio de trabajo, escuche un comentario lateral que inmediatamente despertó una ráfaga de ideas, recuerdos y pensamientos: “Hace 100 años la docencia tenia que estar centrada en Dictar Clases porque era la única manera que los estudiantes tenían la oportunidad de quedar con una copia, en sus cuadernos, de aquella información esencial pero escaza, contenida en unos pocos libros de muy difícil acceso… la proliferación de libros económicos, la fotocopiadora y el computador son innovaciones muy recientes”.

Visto de esta forma, y haciendo un esfuerzo intelectual por reconstruir las condiciones sociales existentes en el pasado cercano, es comprensible que Dictar Clases fuera la mejor estrategia docente. El proceso de transmisión de información a través de el profesor, era una solución eficiente desde la perspectiva técnica y social al problema de la educación, que entre otras variables no consideraba la cobertura universal que hoy se pretende.

Pero como el mismo MC lo menciona, “esas ya no son las condiciones, ahora tenemos acceso a tecnologías, como por ejemplo Internet, que realizan el proceso de transmisión de información de una forma más efectiva”, y entonces aparece la pregunta: ¿Será acaso que ya no se necesita al docente? ¿Sera que si el proceso educativo esta centrado en el aprendizaje, y existen sistemas artificiales (como el computador) que realizan la transmisión de información de forma más eficiente, ya no se necesitan docentes?.

Yo creo que, como de costumbre, no estamos haciendo las preguntas adecuadas, y si no hacemos esto, no tendremos las respuestas adecuadas. El interrogante debería estar centrado en el sentido del proceso educativo, ¿Por qué nos educamos?, ¿Para qué nos educamos?, y seguramente en el proceso de intentar responder estas preguntas tendremos más claridad sobre el rol que podría o no jugar el docente.

Dicho en el argot administrativo, pareciera ser que la educación requiere un proceso de reingenieria, y no tanto para transformarla, sino para ver si somos capaces de recuperar el sentido de la educación, porque tanta especificidad en el conocimiento nos ha llevado a profundizar en el conocimiento de muchos fenómenos (naturales y sociales), pero no hemos ganado comprensión. “Conocer”, no es lo mismo que “Comprender”. Transformar y controlar, no conduce necesariamente a mejorar.

Y a propósito de las fotocopiadores, eso me hizo recordar otra conversación, igualmente casual, en un viaje de trabajo con EF. Él me contaba que en los años 80, cuando fue decano de una facultad, existían secretarias que tenían como trabajo, casi que exclusivo, transcribir capítulos de libros que los docentes les pasaban, para luego ser reproducidos en el única mimeógrafo que existía en la facultad y sus alrededores (un antecesor de las fotocopiadores modernas) y entregárselos a los estudiantes. El punto era que las reproducciones no eran de libros o escritos propios. Lo cual decanta en otra de esas premisas que he ido reafirmando con cada nueva evidencia: La disponibilidad de tecnologías condiciona las estructuras mentales desde las cuales pensamos y actuamos, pero recíprocamente la concepciones que construimos en colectivo (consciente o inconcientemente) determinan el uso que le damos a las tecnologías.

Esta anécdota de más de 20 años, a mi forma de ver sigue teniendo toda la vigencia. ¿Que hacemos nosotros (profesores y estudiantes) con Internet? ¿Lo utilizamos para crear, para escribir, para publicar?, o reproduciendo las mismas concepciones del pasado, lo utilizamos para acceder a lo que otros han hecho (y muchas veces fusilarlo).

Esto abre otra línea de debate, que espero ir alimentando ahora, que he querido retomar el trabajo de obligarme a leer y escribir.

Una sustentación de pregrado más…

Al llegar ayer al salón de la sustentación, fue inevitable recordar las primeras sustentaciones de pregrado a las que asistí, hace como 7 años, en donde era común el reducido número de asistentes, por lo general estaban los jurados, los que sustentaban, un par de familiares y uno que otro desconocido. Este escenario fue lo que me llevo a plantear, unos años después, unas horas de asistencia obligatoria a sustentaciones de trabajos de grado, como un requisito más que se debía cumplir para que un estudiante pudiera graduarse como Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones. El resultado: de un lado muchas rechiflas y malas caras por parte de mis compañeros (pero sin una oposición seria que tumbara el acuerdo del Consejo de Facultad); de otro lado, sustentaciones en las que las que hay tantos estudiantes que no caben en los pequeños salones de audiovisuales de los departamentos de la F.I.E.T.

El objetivo detrás de esta propuesta, era que los estudiantes tuviéramos la experiencia de ver como eran las sustentaciones, y de esta manera, tener más elementos para decidir como hacer la propia cuando llegara nuestro momento. Sin la posibilidad de hacer una síntesis objetiva, creo que el propósito se ha venido cumpliendo parcialmente, ya que el tener que ver las sustentaciones de otros ha hecho que muchas personas no tomen este momento, como una exposición que se pasa de cualquier forma, sino que trae consigo la preocupación de hacer un buen papel, frente a la muchas personas que van asistir. Pero también creo que el propósito no se ha cumplido suficientemente, porque no veo conciencia sobre cual es el propósito de una sustentación, y esta ultima reflexión fue lo que dio origen a este escrito.

Después de conocer muchos trabajos de pregrado y de realizar el propio, en un Facultad de Ingeniería en el área de E.T.I, considero que la importancia de un trabajo de grado no esta en la temática en sí, sino en como se da el proceso de madurez profesional, y la mejor analogía que he encontrado para representar esto es la del gusano que se convierte en mariposa, es decir, para mi el trabajo de grado es un proceso de metamorfosis, en donde la sustentación es su ultima fase.

Desde esta perspectiva, considero que el propósito de un trabajo de grado, y que debería estar siempre presente en la cabeza de quienes lo realizan, debe estar centrado en tres pilares: 1) profundizar en un temática disciplinar; 2) ser capaz de definir un problema (cualquiera el sea) y plantear un plan de acción en procura de avanzar en su resolución desde la disciplina; y 3) tener la habilidad de interactuar con múltiples actores en procura de lograr el impacto deseado. En consecuencia con lo anterior, en una sustentación yo esperaría encontrar: 1) precisión conceptual en lo escrito y en lo oral; 2) síntesis y abstracción que demuestre la compresión de la situación, la delimitación del problema, y el contraste entre las actividades planteadas y las realmente ejecutadas; y 3) los resultados obtenidos, no desde la mirada de quienes ejecutaron el proyecto, sino desde las personas que se vieron involucradas.

La sustentación es el último espacio como estudiante y el primero como profesional, y en este sentido ya no se trata de exponerle un tema a unos profesores para que le coloquen una nota y así poder pasar la materia, sino que es el espacio en donde me presento con una experiencia y una argumentación intelectual para debatirla con unos pares. Si se mira de esta manera, el rol de una persona en un trabajo de grado no debe ser el de asistente o auxiliar de un profesor, sino que debe ser el de par-colega-investigador, el que asume con todo su ser el problema que intenta abordar, y hace todo lo que este a su alcance, y lo que no también, para hacer y/o demostrar lo que esta en juego en el trabajo. Creo que esta es la única forma en la que realmente uno puede, luego, dar real y consciente cuenta de lo que hizo.

Para finalizar, una precisión… la sustentación a la que asistí fue la de una Licenciatura en Educación, y fue en este espacio que se dio la catarsis para pensar y sintetizar este escrito, más ello no significa que sea una critica a la sustentación, sino más bien que estas ideas pueden llegar a tener alguna validez por fuera de un determinado programa académico cuando un trabajo de grado se asume como proyecto.

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