La vigencia de dictar clases

Aunque algunos docentes, particularmente de ingenierías (esa es mi experiencia), se resisten a la idea de “formar personas” aduciendo que su labor simplemente es enseñar una disciplina, lo cierto es que las propias vivencias lo llevan a uno como persona a afianzar ciertas ideas y a descartar otras, y en este caso yo considero que las personas que te rodean si te forman, no desde lo que recitan para “transmitirte un conocimiento”, sino desde lo que son, desde lo que te dicen en una conversación casual, desde el ejemplo que te dan de forma indirecta. A eso es a lo que yo llamo formación, y eso es lo que se consigue cuando estas en “medio de” otros. Visto desde otra perspectiva, esto significaría preguntarse ¿Que quiero Ser? para de acuerdo con ello determinar en medio de que grupos / colectivos / equipos de personas debo estar.

Y a propósito de esto, en una conversación casual con MC, en un horario no laboral, pero en el mismo sitio de trabajo, escuche un comentario lateral que inmediatamente despertó una ráfaga de ideas, recuerdos y pensamientos: “Hace 100 años la docencia tenia que estar centrada en Dictar Clases porque era la única manera que los estudiantes tenían la oportunidad de quedar con una copia, en sus cuadernos, de aquella información esencial pero escaza, contenida en unos pocos libros de muy difícil acceso… la proliferación de libros económicos, la fotocopiadora y el computador son innovaciones muy recientes”.

Visto de esta forma, y haciendo un esfuerzo intelectual por reconstruir las condiciones sociales existentes en el pasado cercano, es comprensible que Dictar Clases fuera la mejor estrategia docente. El proceso de transmisión de información a través de el profesor, era una solución eficiente desde la perspectiva técnica y social al problema de la educación, que entre otras variables no consideraba la cobertura universal que hoy se pretende.

Pero como el mismo MC lo menciona, “esas ya no son las condiciones, ahora tenemos acceso a tecnologías, como por ejemplo Internet, que realizan el proceso de transmisión de información de una forma más efectiva”, y entonces aparece la pregunta: ¿Será acaso que ya no se necesita al docente? ¿Sera que si el proceso educativo esta centrado en el aprendizaje, y existen sistemas artificiales (como el computador) que realizan la transmisión de información de forma más eficiente, ya no se necesitan docentes?.

Yo creo que, como de costumbre, no estamos haciendo las preguntas adecuadas, y si no hacemos esto, no tendremos las respuestas adecuadas. El interrogante debería estar centrado en el sentido del proceso educativo, ¿Por qué nos educamos?, ¿Para qué nos educamos?, y seguramente en el proceso de intentar responder estas preguntas tendremos más claridad sobre el rol que podría o no jugar el docente.

Dicho en el argot administrativo, pareciera ser que la educación requiere un proceso de reingenieria, y no tanto para transformarla, sino para ver si somos capaces de recuperar el sentido de la educación, porque tanta especificidad en el conocimiento nos ha llevado a profundizar en el conocimiento de muchos fenómenos (naturales y sociales), pero no hemos ganado comprensión. “Conocer”, no es lo mismo que “Comprender”. Transformar y controlar, no conduce necesariamente a mejorar.

Y a propósito de las fotocopiadores, eso me hizo recordar otra conversación, igualmente casual, en un viaje de trabajo con EF. Él me contaba que en los años 80, cuando fue decano de una facultad, existían secretarias que tenían como trabajo, casi que exclusivo, transcribir capítulos de libros que los docentes les pasaban, para luego ser reproducidos en el única mimeógrafo que existía en la facultad y sus alrededores (un antecesor de las fotocopiadores modernas) y entregárselos a los estudiantes. El punto era que las reproducciones no eran de libros o escritos propios. Lo cual decanta en otra de esas premisas que he ido reafirmando con cada nueva evidencia: La disponibilidad de tecnologías condiciona las estructuras mentales desde las cuales pensamos y actuamos, pero recíprocamente la concepciones que construimos en colectivo (consciente o inconcientemente) determinan el uso que le damos a las tecnologías.

Esta anécdota de más de 20 años, a mi forma de ver sigue teniendo toda la vigencia. ¿Que hacemos nosotros (profesores y estudiantes) con Internet? ¿Lo utilizamos para crear, para escribir, para publicar?, o reproduciendo las mismas concepciones del pasado, lo utilizamos para acceder a lo que otros han hecho (y muchas veces fusilarlo).

Esto abre otra línea de debate, que espero ir alimentando ahora, que he querido retomar el trabajo de obligarme a leer y escribir.

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