Cuál es el papel de un docente

En un sinnúmero de espacios se discute sobre el papel del docente, discusiones que generalmente terminan planteando que su función ya no esta centrada en la enseñanza, y por tanto en los privilegios y el poder ilimitado del docente para hacer lo que quiera y cómo quiera, sino que ahora, según las últimas tendencias educativas, la función del docente debe estar centrada en el aprendizaje, es decir, en lo que los estudiantes necesitan o quieren. A veces pienso que esta forma de plantear la discusión, consiste en pasar la tiranía de un extremo al otro, o en ejercer un control más sutil sobre el sistema educativa, porque finalmente quienes defienden la perspectiva del aprendizaje ¿si escuchan lo que los estudiantes necesitan o quieren?.

Después de haber sido docente en programas de licenciatura en educación básica, de haber participado en el proceso de acreditación de calidad de un programa en ingeniería, de participar en algunos proyectos de investigación con maestros de colegio y de estar realizando un postgrado en educación, considero inútil y polarizante el plantear el papel del docente sólo desde la disyuntiva de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Influenciado por una concepción pedagógica crítica, más cercana a lo filosófico que a lo instrumental, considero que el papel de un docente en el sistema educativo formal, debe estar centrado en la formación, la cual a pesar de tener propósitos diferentes de acuerdo a cada nivel, tienen en común una preocupación intersubjetiva por moldear al otro ser humano en unos principios y valores de acuerdo con un ideal de sujeto para un ideal de sociedad. Esta preocupación intersubjetiva implica que la formación del otro sólo se da cuando ambos enseñamos y aprendemos desde lo que somos y desde lo que sabemos.

Desde esta perspectiva, la función del docente esta en concebir y desarrollar actividades de formación, es decir crea situaciones que vayan más allá de la enseñanza y del aprendizaje entendidos sólo como transmisión o memorización de información, de tal forma que se trascienda hacia espacios donde se compartan intereses, se socialicen creencias, se hagan búsquedas a partir de intereses propios, se articulen propósitos, se discutan perspectivas, se trabaje de forma conjunta. En otras palabras, la función del docente debe estar en crear situaciones en donde forme y se forme en la interacción con otros.

Si bien las directrices y limites que impone el currículo tradicional para “asegurar” el cumplimiento de los objetivos educativos en el sistema de educación formal no dejan mucho margen para concebir la función del docente desde esta perspectiva, precisamente el reto del docente esta en abrir espacios de formación a pesar de estas restricciones, para lo cual requiere tanto del conocimiento disciplinar y pedagógico-didáctico, como de la sensibilidad para identificar y relacionarse con las situaciones que viven y sienten sus estudiantes.

Es posible que muchos maestros de educación básica no logren que sus estudiantes obtengan buenos resultados en las Pruebas SABER (5, 9 y 11) en Colombia, pero el trabajo con ellos me indica que existen casos de maestros que dan algo mucho más valioso a sus estudiantes: una orientación afectiva para enfrentar las múltiples situaciones de conflicto, violencia y sinsentido que enfrenta en el día a día muchos niños y jóvenes de nuestro país.

Crear con las TIC en la Escuela

Con este título presentamos una ponencia en el VI Encuentro en línea de Educación, Cultura y Software Libre en la cual mostramos una manera de asumir la construcción de de Materiales Educativos Computarizados (MEC) como estrategia dentro de programas de cualificación de maestros en ejercicio para la apropiación de las TIC, en donde promueven procesos de producción de conocimiento desde lo local, como mecanismo para procurar cambios en las prácticas pedagógicas de los maestros.

Las experiencias que se cuentan están enmarcadas en un proyecto de investigación realizado con colegios de la ciudad de Popayán, y en el contrato que la Universidad del Cauca tiene con el programa de Computadores para Educar para el suroccidente de Colombia, las cuales promueven y están inspiradas en el software libre y los contenidos libres (cultura libre).

La videopresentación realizada en este evento virtual, es (blip.tv):

El documento extenso se encuentra en (scribd):
http://www.scribd.co … -3yfvq7zg1pi2b8m512o

La información sobre esta ponencia en el encuentro de Edusol 2010:
http://edusol.info/e … ama/2010-11-010_1200

Estos documentos también se pueden descargar de:
http://www.iered.org … _con_TIC_en_Escuela/

Las Humanidades en la Formación Ingenieril

Escuchando la presentación de la propuesta de tesis doctoral “La Bioética en la Formación Ingenieril” a la luz de la reciente lectura que hice del texto “Ciencia y Técnica como Ideología” de Jürgen Habermas[1], pude analizar en retrospectiva, algunas situaciones que viví y discutí siendo estudiante en el proceso de acreditación de alta calidad, del programa de ingeniería en el cual me forme, hace ya una década.

El doctorante (JD) al que escuche, tiene su tesis centrada en la necesidad de fortalecer la formación humanista de los ingenieros, ya que considera que la orientación instrumental y el excesivo énfasis en las tecnologías de moda, no ha permitido que la ingeniería como sector, mire la realidad del país, a las personas, el ambiente y a la cultura, aspectos necesarios si se quiere apuntarle a un desarrollo económico y social sostenido. Los recientes episodios en torno a las contrataciones de las Obras Civiles de Bogotá (Colombia), son una muestra sobre la necesidad de asumir la formación en ingeniería que vaya más allá del logro de la experticia técnica y la habilidad administrativa y financiera.

Este planteamiento me recordó la exigencia que muchos de mis compañeros de pregrado, y algunos docentes de ingeniería, hacían sobre la necesidad de contar con más cursos en torno a las tecnologías que se manejaban en el sector (GSM, Java, Ipv6, por mencionar algunas en un programa de ingeniería centrado en las telecomunicaciones). Sin embargo, había poca preocupación por una fundamentación solida para realizar actividades de diseño, y mucho menos, por una formación que permitiera mirar las situaciones económicas, sociales y culturales de una población como parte de una solución tecnológica.

Los cursos de humanidades, de administración y de ética se asumían como relleno, como cursos complementarios con poca importancia, y que por el contrario, quitaban tiempo para preparar los exámenes de física, matemáticas y circuitos en un primer momento, y luego, los cursos de énfasis o electivas en la segunda parte de la carrera. Este escenario cobra una mayor dimensión cuando se tiene en cuenta que a este tipo de ingenierías ingresan los estudiantes con mejores ICFES (ahora Pruebas Saber 11) del país, que si bien es una prueba a la que se le puede debatir sus resultados, el punto es darse cuenta del imaginario sobre lo que es y no es importante en estos espacios de formación y para estas personas. “Si los mejores ICFES piensan sólo en la técnica, en manos de quien se va a dejar lo social, lo político y lo económico” (RD).

Sin embargo, no considero que esta forma de asumir la ingeniería y la formación de ingeniería sea responsabilidad exclusiva de los estudiantes (o padres de familia) y los docentes de ingeniería, ya que cómo lo plantea Habermas en su texto “Ciencia y Técnica como Ideología” (y en el cual recupera y sintetiza buena parte de los planteamientos de la Teoría Crítica surgida en la Escuela de Frankfurt), la racionalidad que domina al mundo de hoy se caracteriza por hacer que las personas busquen la eficiencia en todo lo que hacen (no solo en el trabajo), pero sin detenerse a preguntar la finalidad de lo que se hace, su propósito, en otras palabras el por qué y el para qué. Por tanto, es un imaginario social presente en todo momento, y que por tanto se refleja en cada pensamiento, palabra y obra que hacemos. La racionalidad técnica se vuelve invisible e imperceptible para nosotros mismos.

Por lo tanto, siempre estamos esperando que algo o alguien defina lo que hay que hacer, o lo que es mejor hacer, para que nosotros lo hagamos… y nuestra sociedad se esta encargando que las mejores mentes se dediquen a hacer de forma eficiente, eso que “alguien” ha definido que hay que hacer. Es por eso que Habermas sugiere que si bien la era industrial necesitaba de la fuerza motriz de los obreros, en la era del conocimiento se requiere de la fuerza intelectual de los profesionales (entre ellos los ingenieros), pero no para pensar en términos de crear formas de pensar nuevas, sino para hacer de forma más eficiente lo que “alguien” ya ha definido. La pregunta es ¿quién es ese alguien y que intensiones / propósitos tiene?.

Regresando a la propuesta de tesis doctoral, el doctorante plantea que la bioética es un componente esencial para reconfigurar la formación humanística en las propuestas curriculares de los programas de ingeniería, y yo me pregunto si desde este planteamiento se puede hacer algo para buscarle una salida al dominio de la racionalidad técnica que plantea Habermas, ya que de lo contrario nos limitaremos a repetir o reproducir ideas, propuestas, modas que otros idean y que nosotros reproducimos porque es lo “socialmente correcto” en un momento histórico determinado, sin que pensemos si es lo que nos sirve o conviene.

[1] http://www.scribd.co … cnica-Como-Ideologia

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