Fundamentos Conceptuales sobre la Relación de las TIC con la Calidad Educativa

La consolidación de la democracia como sistema político de los estados modernos, planteó la necesidad de avanzar en procesos de alfabetización masiva1, ya que de esta forma, la sociedad tendría los medios para determinar su propio destino. Pero en la medida que se fue avanzando en los procesos de universalización de la educación básica en muchos países del mundo, se reconoció que esto no era suficiente para avanzar en la pretensión de alcanzar un nivel de desarrollo que asegure el bienestar social, más aún con los cambios que se han dado en el último siglo (MEN, 2006a, p. 8).

Los avances científicos y tecnológicos no sólo han cambiado los artefactos y los procedimientos que utilizamos a diario, sino que principalmente han cambiado las concepciones y los paradigmas por los que regimos nuestras vidas (Mejía, 1994, p. 12-13). Si bien en el pasado reciente los factores de competitividad giraban en torno a la producción industrial, lo que significaba tener los medios, los insumos y las tecnologías de producción, ahora es más importante la innovación para generar valor agregado en los productos y servicios que produce una sociedad (Mejía, 1994, p. 13; Castell, 2000, p. 58; UNESCO, 2008, p. 6). Por tanto, un país más competitivo en el escenario global actual, es un país que genera innovación, pero para que esto se de, se requiere de una cultura de generación de conocimiento aplicado, y para ello es clave la educación (Consejo Privado de Competitividad [Compite], 2011, p. 9).

Colombia tiene claro esto, por ello ha planteado una seria de políticas y programas desde hace más de una década, encaminadas no sólo a aumentar la cobertura, sino también a mejorar la calidad de la educación y su vinculación con las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), pieza clave en las nuevas economías, perspectiva que se vio ratificada con el mandato de la sociedad colombiana a través del Plan Decenal 2006-2016 (MEN, 2007, p. 21-22). El documento CONPES 3072 plantea que la estrategia para reducir la brecha de Colombia con los países desarrollados, es pasar de una economía agraria y minera, a una economía dinamizada por las TIC, para lo cual se requiere aumentar la penetración de los computadores2, masificar el uso de Internet3 y mejorar la educación básica y media principalmente en las áreas de matemáticas e inglés (Departamento Nacional de Planeación [DNP], 2000).

De otro lado, el Ministerio de Educación Nacional inició en el año 2002, el Programa Nacional de Uso de Medios y Nuevas Tecnologías con el propósito de diseñar una política que permitiera la articulación de estas tecnologías con la educación en torno a tres ejes (MEN, 2008a, p. 2-3): el de dotación de infraestructura, con programas como Compartel, Computadores para Educar y la Red Nacional Académica de Tecnología Avanzada (RENATA); el de contenidos, con el Portal Colombia Aprende y la creación de los repositorios universitarios de objetos de aprendizaje; y el de uso y apropiación, con iniciativas como la Etapa de Formación y Acompañamiento de Computadores para Educar, el programa TemáTICas para directivos docentes, Entre Pares e Intel Educar así como la definición de la Ruta de Desarrollo Profesional Docente para la Apropiación de las TIC (MEN, 2008a).

Al mismo tiempo, el Ministerio de Educación presentó la propuesta de Estándares Básicos de Competencias para las áreas de Lenguaje, Matemáticas, Ciencias (Naturales y Sociales), Ciudadanas, Ingles y Tecnología, con el propósito de indicar los criterios de calidad con los cuales se debían desarrollar los procesos de enseñanza y aprendizaje en las instituciones de educación básica y media de todo el país (MEN, 2006a; 2006c; 2008c).

Por su parte, el Congreso de la República aprobó en 2009 dos leyes: una para fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología con el propósito de apalancar un modelo productivo nacional sustentado en la ciencia, la tecnología y la innovación que permita agregar valor a los productos y servicios de la economía (Ley 1289 de 2009); y otra donde se definen principios y conceptos sobre las TIC apara apoyar la consolidación de la sociedad de la información en el país (Ley 1341 de 2009). Leyes que han sido acompañadas por programas y planes para hacer de la investigación y las TIC, motores de la innovación en el economía.

Estas y otras iniciativas demuestran la apuesta que ha realizado el Estado Colombiano por un modelo de desarrollo económico centrado en la sociedad del conocimiento, sin embargo, estos esfuerzos parecen no ser suficiente para cambiar la inercia productiva que trae el país desde su independencia. En el último informe del Consejo Privado de Competitividad, se indica que si bien el PIB per cápita ubica a Colombia en el grupo de países con una economía de ingreso medio4, cerca del 90% de sus exportaciones tienen bajos niveles de innovación5 por lo tanto, a nivel de competitividad, Colombia se ubica en el grupo de países más rezagados (2011, p.9). Esta situaciones es mucho más critica si se tiene en cuenta que se esta ante un boom minero, lo que va a generar presión en este sector, afectando la productividad del país en sectores de mayor valor agregado y que pueden representarle mayor competitividad en el mediano y largo plazo (Compite, 2011, p. 20).

El conflicto interno del país también plantea obstáculos y retos importantes, ya que los más afectados son los niños y los jóvenes. En situaciones de conflicto hay pobreza y desplazamiento, lo que afecta la alimentación de los niños y con ellos su desarrollo cognitivo, la asistencia a los centros educativos, la disposición de estudiar, se generan resentimientos que pueden tener manifestaciones violentas en la escuela, aumenta la mortalidad, se presentan casos de reclutamiento de niños para el conflicto, entre otras (UNESCO, 2011, p. 1-3).

Desde esta perspectiva se entiende el llamado a mejorar la calidad de la educación para que responda a los retos que tiene el país en este nuevo escenario. Por tanto no se trata de mejorar la calidad de la educación per se, ni entender el papel de la educación en su sentido utópico, sino que las condiciones del mundo actual requieren que la calidad en la educación se materialice en ideas claras y concretas que orienten la definición de políticas y el desarrollo de los procesos educativos, para generar resultados en el corto plazo.

En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization – UNESCO) asume que la calidad en la educación debe tener una incidencia directa en el desarrollo cognitivo de los niños y jóvenes en su paso por la escuela, razón por la cual considera que las pruebas internacionales estandarizadas, como PISA6, TIMSS7 y otras, constituyen importantes instrumentos para evaluar y comparar la calidad de la educación de los diferentes países (UNESCO, 2005, p. 18).

En atención al mandato de la UNESCO, la estrategia del Estado Colombiano para mejorar la calidad en la educación básica y media en la última década, ha estado centrada en la definición de unos estándares básicos de competencia (MEN, 2006a; 2006c; 2008c) y unas competencias laborales generales (MEN, 2006b), junto con un sistema de evaluación multinivel, en el sentido que tiene en cuenta las pruebas que realiza la institución educativa, las evaluaciones nacionales y internacionales, para conocer el nivel de logro de los estudiantes sobre estas competencias (Decreto 1290 de 2009).

Pero estas políticas aún no dan frutos. Las Pruebas SABER y el Estudio PISA coinciden en afirmar que alrededor del 47% de los estudiantes colombianos tienen niveles deficientes en lectura y escritura, y la encuesta del consumo cultural del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) plantea que el 43% de los niños no lee por falta de interés (MEN, 2011, p. 40). Pero esta situación no se presenta solo en Colombia, mientras el el 18% de los estudiantes de los países con ingresos altos tienen competencias insuficiente en lectura según el informe PISA, esta cifra sube al 40% en los países con ingresos medios y bajos (UNESCO, 2005, p. 137).

Una segunda concepción sobre la calidad en la educación proviene del mundo empresarial, quienes en un esfuerzo conjunto con el Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación (ICONTEC) realizó la adaptación de la norma ISO 9001 sobre gestión de calidad, para ser aplicada en establecimientos de educación preescolar, básica y media. En esta norma, la calidad se entiende como la adecuada definición, seguimiento, documentación y mejoramiento de los procesos que permiten la máxima satisfacción del cliente, que en este caso está representado por los estudiantes y los padres de familia (2005, p. 2-3).

En este sentido, el Comité Privado de Competitividad aboga por que una educación de calidad, tiene como una de sus características el ser pertinente, lo que significa que responda a las necesidades del sector productivo colombiano. Pero estas necesidades no son sólo las actuales de Colombia, que como se dijo, se encuentran en los productos primarios o de recursos naturales que no dan competitividad, sino que debe proyectarse en las apuestas productivas que generen valor agregado a los productos y servicios de la economía a través de la innovación (Compite, 2011, p. 44).

Los planteamientos más recientes de la UNESCO sobre el propósito de una educación de calidad, esta centrado en la necesidad de ofrecerle a los jóvenes, el desarrollo de competencias que les permita encontrar medios para la subsistencia y la participar activa en espacios sociales, políticos y económicos, esto debido a las oportunidades que representa la educación para el desarrollo de los países con bajos ingresos, y a la crisis financiera por la que están pasando los países de altos ingresos (2011, p. 11)

Una tercera concepción de calidad se retoma del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), quienes para realizar el reconocimiento de la excelencia en los programas e instituciones de educación superior, plantean la calidad como la medida en la que estos programas e instituciones se aproximan al ideal, tanto en sus condiciones universales dadas por la evolución académica y social, como en sus particularidades como institución en un contexto socio-cultural particular (2006, p. 25).

Esta última ideas de calidad esta asociada al concepto de autonomía, de auto-terminación de los docentes y las instituciones educativas, lo cual quedó expresado en la Ley General de la Educación para los niveles de educación básica y media (Ley 115 de 1994, Art. 77). En virtud de esta autonomía responsable, la comunidad educativa tiene la potestad de plantear, de forma participativa y democrática, un Proyecto Educativo Institucional (PEI) que permita la articulación entre las políticas, proyectos y programas sociales, políticos y culturales, en el plano local, regional y nacional (Ley 115 de 1994, Art. 6 y 74). Con el propósito de fortalecer esta dinámica, el Ministerio de Educación Nacional ha ofrecido instrumentos como la guía de autoevaluación institucional, con el fin de fortalecer los procesos de planeación, seguimiento y evaluación colectiva de los planes que se traza la comunidad educativa (2008c, p. 15).

Queda claro que aunque la calidad educativa esta centrada en el desarrollo cognitivo de los estudiantes, este desarrollo debe tener en cuenta las actuales dinámicas en torno a los procesos de generación de conocimiento para la innovación en la sociedad del conocimiento, así como los sectores estratégicos que le permitan al país ser competitivo en el escenario global. Sin embargo, el CNA nos recuerda que este concepto de calidad y pertinencia educativa también debe estar relaciono con lo local, con los proyectos de vida institucional y con los proyectos de vida de las personas si se quiere que los procesos educativos generen cambios sustanciales, de contenido y forma, en las personas.

Las posibilidades que ofrecen las TIC para mejorar la calidad educativa, se derivan de reconocer los enormes cambios sociales que estás han producido. Uno de estos cambios se encuentra en el dominio del conocimiento. Hace 3.000 años, el conocimiento era una virtud de las personas, y por tanto, para acceder a el, se debía estar en presencia de quienes los tuvieran. Con la invención de la escritura y la posterior imprenta, el conocimiento estuvo al alcance de muchas más personas, al posibilitar transportar las ideas en un medio físico y externo a las personas (Facundo, 2006, p. 15-16).

Sin embargo las TIC introducen una revolución en cuanto al dominio del conocimiento. De un lado los avances tecnológicos y los movimientos sociales en pro del acceso libre y abierto a la información8, están dando la posibilidad para que las personas accedan a un basto universo de conocimiento, en cualquier momento, desde cualquier lugar y de forma simultanea, lo que permite que las personas puedan contrastar diferentes puntos de vista sobre la misma información, realizar búsquedas propias no limitadas por el criterio de los profesores o los editores, y entrar en comunicación directa con los autores de las ideas y con las personas que son fuente de las noticias. Pero de otro lado, estas tecnologías permiten ser productores de información, con lo cual ya no se esta ante medios y tecnologías que nos ofrecen de manera unidireccional el conocimiento, sino que nos permiten interactuar, contrastar y producir. Estas posibilidades abren oportunidades únicas para que las personas y las sociedades se beneficien de los conocimientos producidos por la humanidad como colectivo (Lessig, 2005, p. 55; Facundo, 2006, p. 18).

Otro dominio donde las TIC han tenido importantes implicaciones es en la comunicación. La oralidad fue hasta hace poco, el eje central de la comunicación entre las personas, si bien la escritura introduce otra forma de comunicarnos, que vence las limitaciones del espacio y del tiempo, esta era practicada por muy pocas personas. Pero hoy, y gracias a las nuevas tecnologías, no sólo se tiene la posibilidad de comunicarnos con personas en cualquier momento y lugar a través de la oralidad, en sistemas de video y audio conferencia o de streaming, sino que esta forma de comunicación se ve complementada con la escritura en chats, en documentos compartidos, en correos electrónicos o en foros de manera simultanea, y además se enriquece con el intercambio de enlaces, la visualización de presentaciones o documentos, la utilización de Emoticones9, entre otros recursos.

Pero más allá del enriquecimiento de las comunicaciones humanas, las TIC ha potenciado la capacidad de acción del ser humano, al posibilitar la negociación de sentidos y la coordinación de acciones de las personas más allá de la presencialidad. Un ejemplo de esto lo constituyen las protestas realizadas después de los atentados del 11 de marzo en España, las cuales fueron posibles por la coordinación de las personas a través de mensajes de textos enviados desde los celulares. También se encuentra las marchas que se organizaron en varias ciudades del mundo y que movilizaron a millones de personas el 4 de febrero de 2008, para protestar contra las acciones de las FARC y que fueron coordinadas a través de la red social Facebook. Más recientemente, se pueden citar las movilizaciones sociales que terminaron con la caída del gobierno Egipcio entre finales de enero y principios de febrero de 2011y que fueron promovidas y coordinadas con el apoyo de las redes sociales (Moreno et al, 2011a, p. 3). Estos y otros ejemplos muestran el poder que tienen las nuevas tecnologías, cuando se utilizan para coordinar acciones descentralizadas, pero que giran en torno a un propósito o interés común.

Las TIC también dan la posibilidad de observar, pensar y representar la realidad en otros lenguaje. Por muchos siglos, la forma de compartir la menare de ver el mundo fue la oralidad. Luego vino la escritura, lo que favoreció procesos de conceptualización y abstración mental. Pero ahora, con las nuevas tecnologías, la multimedia permite crear representaciones de la realidad desde la conjugación de múltiples lenguajes, permite crear simulaciones para mostrar a otros, no solo las relaciones de los conceptos, sino también sus variaciones en el tiempo y el espacio, da la posibilidad de llegar a diferentes sentidos humanos para movilizar tanto el pensamiento como el alma de las personas (Mejía, 1994, p. 15-16; Facundo, 2006, p. 19).

A pesar de ser latente el reconocimiento de las posibilidades de las TIC, y de la necesidad que tiene Colombia para que las personas se formen en el uso y apropiación de estas tecnologías, lo cierto es que la sola presencia de ellas en las escuelas no generan los cambios educativos esperados (Tellería, 2004, p. 219), como tampoco es suficiente los procesos formación y acompañamiento que sólo buscan mejorar la cobertura y la eficiencia educativa (Kaplún, 1994, p. 36-37).

Para que las TIC tengan un mayor impacto en la calidad educativa, se debe partir no de las TIC, sino de replantear las posturas pedagógicas desde las que, consciente o inconscientemente, se desarrollan las prácticas educativas, ya que de lo contrario, se corre el riesgo de utilizar las TIC para reafirmar los resultados educativos que se vienen presentando (Hernandez y Benavides, 2012, p. 190). En este sentido es que se propone retomar, no sólo las concepciones sobre la calidad educativa sustentada en el desarrollo cognitivo de los estudiantes (UNESCO, 2005; MEN, 2006a; MEN 2011), así como la concepción de calidad sustentada en la relación con la pertinencia (ICONTEC, 2005; Compite, 2011), sino que además de las condiciones externas, globales y universales, se deben considerar las realidades locales, los proyectos políticas de región y los proyectos de vida de los estudiantes porque esta es la otra dimensión que hace pertinente la educación (CNA, 2006).

Es así como el Grupo de Investigación GEC de la Universidad del Cauca, plantea la necesidad de sustentar los proyectos pedagógicos de aula para la integración de las TIC, en la articulación de tres pilares esenciales: 1) las expectativas, necesidades, sueños y fortalezas y debilidades de los estudiantes, los docentes y la comunidad educativas, de acuerdo con sus condiciones socia-culturales; 2) considerar el propósito educativo que tienen las diferentes áreas de conocimiento escolar y las apuestas que el Estado Colombiano expresa a través de sus políticas sobre educación y TIC, tanto en el nivel institucional, territorial y nacional; y 3) asumir al aporte de las TIC en la educación desde las posibilidades que brinda para crear información, más que consumirla, desde las potencialidades que ofrece para negociar y coordinar acciones, y desde la oportunidad de representar la realidad en múltiples lenguajes y formas (Moreno et al, 2011b, p. 29-45).

Los proyectos pedagógicas son la estrategia para la articulación, pero la postura pedagógica para que las TIC favorezcan la calidad educativa, esta centrada en: potenciar los procesos de producción de información en un dialogo entre la información a la que se accede sobre lo global y la sistematización de las propias experiencias y de la historia local y cercana (Facundo, 2006, p. 18); propiciar escenarios de comunicación en donde los estudiantes discutan diferentes puntos de vista, analicen las experiencias propias y de otros para argumentar posiciones, sean críticos pero también propósitos sobre las situaciones que les afecta, y se propenda por la coordinación de acciones para transformar sus realidades (Blumer, 1982, p. 37-44; Zemelman, 1992, p. 14); alentar la construcción de representaciones propias de la realidad, que utilicen diferentes lenguajes, que se atrevan a replantear los modelos e ideas existentes, siempre buscando el bienestar persona y colectivo (Facundo, 2006, p.18-19; Majía, 1994, p. 15-16).

Es así como creemos que las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) pueden jugar un papel importante para propender por una educación de calidad, que responda a los grandes retos del mundo de hoy, que permita la articulación del proyecto de nación con los proyectos políticos y sociales en lo regional y en lo local, y que tenga en cuanta los sueños, las realidades y las potencialidades de los estudiantes. Si algo nos ha mostrado el mundo de hoy, es que resulta inconveniente buscar un único centro o eje, un único punto de vista desde el que se cree tener la razón, por lo que la mejor opción es construir puentes que permitan sintonizar diferentes intereses, diferentes maneras de ver el mundo, diferentes propósitos y sueños (Santos, 2012).

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